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BOB DYLAN, BLUES
por Martin Sassone
La
versión de Sittin' on top of the world que interpreta Bob
Dylan en su disco Good as I been to you, de 1992, resume su pasión
por el blues. El hombre, su guitarra y su armónica derrochan
blues desde el primer acorde hasta el último. De hecho todo
ese álbum podría considerarse como un disco de blues
y folk, representante de lo más puro de la tradición
musical norteamericana. Si bien ese es un disco de versiones y no
de temas propios, le sirvió a Dylan para empezar a reencontrarse
con su verdadero espíritu, luego de varios años de
problemas personales y cambios en su vida que afectaron su carrera.
En ese contexto, el blues cobró para él un nuevo significado.
Pero la relación de Dylan con el blues no es nueva. Comenzó
en los albores de la década del sesenta, cuando dejó
su Minnesota natal en busca de un porvenir musical. Siguiendo los
pasos que lo llevarían a encontrarse con el legendario Woody
Guthrie, quien estaba internado en una clínica a raíz
de una enfermedad incurable, Dylan se instaló en Nueva York.
Empezó a frecuentar la escena folk de los bares del Greenwich
Village y allí conoció a luminarias del folk y el
blues que venían tocando desde hacía un buen tiempo
como Dave Van Ronk y Ramblin' Jack Elliot. Una puerta le fue abriendo
otra hasta que el productor John Hammond (descubridor de Billie
Holiday y Count Basie, entre otros) lo escuchó y lo llevó
a Columbia Records para que grabara su primer disco. Por aquellos
días Dylan imitaba a Woody Guthrie, pero había escuchado
con atención a Leadbelly y Mississippi John Hurt. Además,
se hizo muy amigo de John Hammond Jr., con quien solía juntarse
a tocar blues y escuchar discos.

Bob Dylan - Columbia (1962)
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Su primer LP, titulado Bob Dylan, fue editado en 1962. Sólo
tiene un par de temas propios: el resto son versiones de Blind Lemon
Jefferson, Jesse Fuller, Bukka White y Blind Willie Johnson. Para
la misma época, Van Ronk le hizo conocer la magia de Skip
James. Y John Hammond padre le regaló un disco descatalogado
en aquél entonces que le voló la cabeza. "Hammond
me lo recomendó especialmente y me aseguró que aquél
tipo le daba vueltas a cualquiera. Me mostró las ilustraciones
del álbum, una pintura curiosa en la que el pintor contempla
desde el techo a un cantante y guitarrista de mirada salvaje e intensa.
Que carátula más interesante. La admiré detenidamente.
Quedé hipnotizado", relata Dylan en su autobiografía.
Esa fue la primera impresión que tuvo de Robert Johnson,
aún sin haber escuchado sus temas. Cuando lo escuchó
se sintió absorbido, atónito.
Poco a poco fue haciéndose popular en los bares del Greenwich
Village, no sólo entre el público, sino también
en el ambiente de los músicos. Con el legendario John Lee
Hooker tocó algunas veces y compartió largas charlas.
El blues ya estaba metido de lleno en su vida, tanto que incluso
ese año tocó la armónica para Big Joe Williams
y Victoria Spivey (una foto suya junto a Bob apareció tiempo
después ilustrando la artística del disco New Morning).

The Freewheelin' Bob Dylan
Columbia (1962)
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Su segundo disco, The Freewheelin' Bob Dylan, lo catapultó
al éxito total. El álbum estaba plagado de canciones
folk que hicieron historia por sus letras: Blowin' in the wind,
Girl from the north country, Masters of war, A hard rain's a-gonna
fall y Don't think twice is all right. Pero el blues no estaba ausente
en ese LP: Down the highway es una suerte de sentida recorrida por
el sur profundo.
Para el año 1965 Bob Dylan era una estrella a nivel mundial.
En su disco Bringing it all back home ensaya una respuesta a la
invasión inglesa que estaba cautivando a los jóvenes
estadounidenses con las raíces de su propia música.
Hay cuatro temas en ese disco de clara raíz blusera: Subterranean
homesick blues, Maggie's farm, Outlaw blues y On the road again.
John Hammond Jr. tocó la guitarra con slide en ese disco.

Bringing it All Back Home
Columbia (1965)
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El mundillo folk lo idolatraba y sus letras eran la voz de la renovación.
Pero Dylan le escapaba a esa idealización de su persona.
Y revolucionó todo. Electrificó su sonido y los puristas
del folk acústico quisieron matarlo. Para que ese cambio
fuera efectivo Dylan recurrió a uno de los mejores guitarristas
del momento: Mike Bloomfield, violero principal de la Paul Butterfield
Blues Band, con quienes además se presentó en vivo
en el festival de Newport, el día que Pete Seeger quiso cortar
con un hacha los cables para que dejaran de hacer "ruido".
Ese mismo año editó Highway 61 revisted y cautivó
a mucha más gente de la que había enfadado. En el
disco fue clave la participación de Bloomfield y de Al Koper
en teclados. El álbum pasó a la historia por el tema
Like a rolling stone. La guitarra de Bloomfield estalla en From
a buick 6.

Highway 61 Revisted
Columbia (1965)
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Al año siguiente viajó a Nashville para grabar Blonde
on Blonde con mayoría de músicos locales. Tal vez
sea su álbum más blusero de la década: así
lo demuestran los temas Pledging my time, Leopard-Skin-Pill-Box
hat (sobresalen los punteos de Robbie Robertson, guitarrista de
The Band) y Obviously 5 believers.
En 1967, ya instalado en una finca de la zona de Woodstock y recluido
de sus fans y la prensa, Dylan se juntó con The Band (con
quienes ya venía tocando en vivo) y grabaron lo que después
se conoció como The Basement Tapes, un disco doble que contiene
muchos blues, uno de ellos Orange juice blues (blues for breackfast).
Los dos discos siguientes de Dylan, John Wesley Harding y Nashville
Skyline, son álbumes más cercanos al country-rock,
aunque en el último está el tema To be alone with
you, un blues simple y con piano al frente que habla de amor y deseo.

Blonde on Blonde
Columbia (1966)
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A principios de la década del setenta Dylan estaba enfrentado
con su manager Albert Grossman. Las disputas entre ellos habían
llegado a un pico de tensión extremo. Grossman seguía
haciéndose millonario con las regalías de los temas
de Dylan y por eso su disco de 1970, Self portrait, se dedicó
más que nada a interpretar covers de otros músicos
y algunas nuevas versiones de sus viejos temas como Like a rolling
stone. En ese álbum aparecen unos buenos blues: el clásico
It hurts me too y un tema propio: Living the blues.
Los setentas transcurrieron con muchos cambios en la vida de Dylan.
Hasta la primera mitad de la década grabó discos fabulosos
(salvo por su Dylan, de 1973) como New Morning, la banda de sonido
de la película Pat Garret & Billy The Kid, Planet Waves,
Blood on the Tracks y Desire. Esos álbumes tenían
grandes canciones, pero con muy pocas melodías bluseras en
ellos. Para esa época Dylan cumplió su sueño
de convertirse en un trovador y salió a recorrer los Estados
Unidos con músicos amigos como Joan Baez, Ramblin´
Jack Elliot y T-Bone Burnett.
La última mitad de la década y los comienzos de los
ochentas marcan la época de la conversión de Dylan
al cristianismo. Si bien tampoco hay mucho blues en sus discos de
por entonces, se puede percibir una profunda influencia del gospel
en su música, resaltada por las coristas negras que agregó
a la cambiante formación de su banda.
-1991.jpg)
The Bootleg Series, Vols. 1-3 (Rare & Unreleased) 1961-1991
Columbia (1991)
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Durante las sesiones de grabación del disco Infields, de
1983, compuso el tema Blind Willie McTell, dedicado al célebre
blusero que hizo escuela en la zona de Georgia entre los años
20 y 40. Curiosamente, esa canción no fue editada finalmente
en Infields, sino que se conoció tiempo después cuando
Columbia sacó al mercado la caja The Bootleg Series Vol.
1-3. Es un tema excelente, con una gran letra y una interpretación
de piano memorable. En 1984 Dylan salió de gira. El tinte
blusero de esos recitales se lo dio el guitarrista Mick Taylor (ex
Rolling Stones). Lo mejor de esos conciertos fue editado en Real
Live.
Hacia fines de los ochenta, Dylan confesó en su autobiografía
que atravesaba una profunda crisis creativa (en parte reflejada
en sus discos de ese momento: Empire Burlesque, Knocked out loaded
y Down in the Groove). Por recomendación de Bono, cantante
de U2, se juntó con el productor Daniel Lanois y viajó
a Nueva Orleáns para grabar un nuevo álbum. Allí,
durante las sesiones de Oh Mercy, Dylan se enganchó mucho
más con el blues. Por las noches sintonizaba la WWOZ, la
gran emisora local y escuchaba a la disck jockey Brown Sugar que
pasaba a Lightinin' Hopkins, Roy Brown y Little Walter, entre otros.
En su autobiografía cuenta, además, que empezó
a poner en práctica una técnica que le había
enseñado en los sesentas Lonnie Johnson. "Una noche
(Lonnie) me llevó aparte y me enseñó un modo
de tocar basado en un sistema ternario en lugar de binario. Me hizo
tocar unos acordes y me mostró como hacerlo. Tuve la sensación
de que estaba revelándome un secreto, aunque por entonces
no creí que tuviera mucha utilidad porque yo necesitaba rasguear
la guitarra a fin de expresar mis ideas". Ese método
lo tuvo oculto en el laberinto de su mente hasta 1989 y los plasmó
en Oh Mercy, un disco cinco estrellas.

Oh Mercy
Columbia (1989)
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Dos años después, Dylan volvió al ruedo con
Good as I been too you y, en 1993, con el disco World gone wrong
dejó en claro que el blues estaba tan metido en su vida que
ya no sería capaz de dejarlo ir. En esos dos discos Dylan
derrocha pasión y sufrimiento, sentimientos y vida. Todo
desde el alma, con su guitarra y su armónica.
Los últimos tres discos de Dylan son una verdadera enciclopedia
de la música tradicional estadounidense. Time out of mind
(1997) está producido también por Daniel Lanois y
uno de los guitarristas de la banda es el gran Duke Robillard. El
disco tiene una atmósfera densa y oscura y se destacan los
temas Love sick, Dirt road blues, Millon miles, Cold iron bounds
y Highlands, basada en un disco de Charlie Patton.

Love and Theft
Columbia (2001)
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Love and Theft, de 2001, fue producido por el mismo Dylan bajo
el seudónimo de Jack Frost. Al igual que en su último
disco de 2006, Modern Times, Dylan juega con viejas letras y las
renueva, tal vez sin modificar mucho la melodía. Su voz suena
a la de un hombre curtido, su guitarra se amolda a la banda de turno.
High water es otro tema que dedica a Charlie Patton. Summer days
y Bye and bye son dos blues que nos remontan a los años cincuenta.
Y Lonesome day blues, con el slide de Charlie Sexton bien al frente
es un houserockin' blues temperamental.
Modern times cierra su amplia discografía. El álbum
empieza con Thunder on the mountain, un blues primitivo y crudo
que marca la tendencia del disco, en el que Bob Dylan, como una
mezcla de Elmore James y Willie Dixon, cuenta andanzas, "derrocha
historia musical y escupe al ojo del mundo", como sostiene
Tom Jurek en Allmusic.com. Rollin & Tumblin' y Somedat baby
son otros dos blues impresionantes en los cuales cobran importancia
los riffs y punteos de los guitarristas Denny Freeman y Stu Kimball.

Modern Times
Columbia (2006)
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Dylan ya pasó los sesenta años. Y todo indica que
atraviesa un momento de una creatividad retroactiva. La era de la
madurez se ha consolidado y sólo tenemos que esperar que
saque un nuevo disco. Mientras, están sus álbumes
oficiales y la gran cantidad de grabaciones piratas (bootleg series)
para seguir descifrando y redescubriendo a un artista que lleva
el blues bien adentro de su alma, en el mismo lugar en el que conserva
el recuerdo de sus mentores: aquellos viejos guitarristas, trovadores
y storytellers de la historia de la música.
Martín Sassone

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