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Redescubriendo a Lonnie
por Martin Sassone
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"¿Eres Lonnie Johnson? ¿El Lonnie Johnson que
grabó Blue Ghost Blues en 1938?".
La respuesta sonó trémula del otro lado línea,
apenas un "sí" alargado, inquietante. El que preguntaba
era Joe Boyd, un joven entusiasta amante del blues y del jazz, quien
junto a su hermano Warwick y a su amigo Geoff Muldaur hurgaba por
entonces en lo más puro de la música tradicional norteamericana.
Ahí estaban los tres, parados alrededor del teléfono.
"¿Podrías venir a Princeton y dar un concierto
la próxima semana?". Lonnie Johnson accedió a
cambio de un pago de 50 dólares.
En las páginas de su libro Blancas Bicicletas Boyd rememora
el verano de 1960, cuando volvió a su casa de Princeton luego
de un semestre duro en la Universidad de Harvard, y se reencontró
con su hermano y Geoff, con quienes con el tiempo compartiría
muchas aventuras musicales. En esa época los tres se habían
deslumbrado con la serie de discos Encyclopedia of Jazz, del sello
RCA-Victor, que contenía temas de King Oliver, Louis Armstrong
y muchos más.
Fue entonces cuando descubrieron una radio de Filadelfia que de
madrugada emitía un programa de blues y jazz, cuando la mayoría
de las emisoras difundían sólo música blanca
a toda hora. Una de esas interminables y sofocantes noches escucharon
que el conductor Chris Albertson anunciaba que Lonnie Johnson estaba
vivo y trabajaba como cocinero en un hotel de Filadelfia.
Lonnie Johnson, que entonces vivía sólo a una hora
y media de autopista de donde ellos estaban, era un guitarrista
versátil y muy melodioso que había empezado tocando
country blues y luego amplió su repertorio al jazz y las
baladas. Entre 1925 y 1948 había grabado una cantidad asombrosa
de material como solista, a dúo con el guitarrista Eddie
Condon o en las orquestas de Louis Armstrong y Duke Ellington. La
ruta de su música era como la de muchos músicos de
aquél entonces. Había nacido en Nueva Orleáns
donde creció con la música a su alrededor, hasta que
la necesidad post Gran Depresión lo llevó bien hacia
el norte: Chicago, la meca. Pero en los años cincuenta desapareció
del mundillo musical, hasta que Joe Boyd agarró la guía
telefónica y tuvo esa breve charla que derivó en una
exclamación que arrancó unos cuantos gritos de felicidad
de sus compinches. "¡Habíamos contratado a Lonnie
Johnson!", recuerda con entusiasmo Boyd.
Los tres jóvenes alquilaron un salón y empezaron a
difundir el concierto entre amigos y conocidos, a quienes les dijeron
que la entrada costaría un dólar. Cuando llegó
el día, se subieron a un viejo Rambler y fueron a Filadelfia
a buscar a Lonnie. "Delante de un hotel del centro, en el bordillo
de la acera, estaba un hombre de pelo gris, impecablemente vestido,
con una guitarra y un pequeño amplificador", rememora
el autor de Blancas Bicicletas.
En el viaje hacia Princeton Lonnie Johnson les contó por
qué había "desaparecido" en la última
década. Cuando regresó de una gira por Europa en 1951
descubrió que su novia se había fugado con su dinero,
sus guitarras y su colección de discos, y eso lo deprimió,
lo dejó muerto en vida, lleno de blues. Su crisis amorosa
coincidió con el auge del rock and roll, con Elvis a la cabeza,
y quedó afuera del circuito musical como muchos otros bluesmen.
Entonces empezó una vida errante que lo llevó a instalarse
en Filadelfia, donde realizó distintos trabajos para sobrevivir.
Cuando Joe Boyd, Lonnie Johnson y los muchachos llegaron a Princeton,
la sala estaba llena. Al músico no debió sorprenderle
que en realidad apenas un puñado de chicos lo conociera vagamente.
Pero había una onda especial en el ambiente, un músico
con ganas de tocar y un público con ganas de expandirse.
Era el comienzo de los sesentas, y mientras por un lado las políticas
conservadoras y el "cinturón bíblico" segregaban
a las razas, por el otro la música creaba una ambiente de
paz multicultural.
Lonnie empezó a rasgar su guitarra y "todos quedaron
atónitos", cuenta Boyd. Tocó baladas y viejos
blues como I cover the waterfront y Red Sails in the sunset, y durante
el show hasta tuvo tiempo de coquetear con una jovencita negra que
se había sentado en primera fila.
El concierto fue un éxito. Todos quedaron deslumbrados por
la música de Lonnie, por su carisma y por las breves historias
que contó entre tema y tema. Joe, Geoff y Warwick habían
recaudado 100 dólares y se los dieron al viejo Lonnie, que
quedó más que satisfecho y agradecido con los muchachos.
Todavía faltarían diez años para su final:
en 1969 fue atropellado por un auto en Toronto, Canadá. El
accidente lo postró durante un año hasta que murió
el 16 de junio de 1970. Pero durante toda esa década Lonnie
Johnson volvió al ruedo con grabaciones para el sello Prestige
Records (dejando discos memorables como Blues by Lonnie Johnson,
Losing game o Another night to cry), presentaciones en festivales
de blues y jazz y un concierto de reencuentro con Duke Ellington
en el New York Town Hall. Su carrera no había terminado cuando
su novia lo dejó sin sus discos, su dinero y su guitarra,
y mientras Elvis movía la pelvis, sólo se había
tomado un impasse hasta que alguien tomara el teléfono y
lo llamara.
Sobre Joe Boyd
Blancas bicicletas (Global Rhythm / 2006) es el libro autobiográfico
de Joe Boyd. Allí, el autor cuenta cientos de anécdotas
de los sesentas, siempre con la música como eje. Redescubrir
a Lonnie Johnson fue el primer paso que dio en su larga y exitosa
carrera como productor musical y road manager. A lo largo de la
década viajó a Europa con músicos como Sleepy
John Estes, Muddy Waters, Sister Rosetta Tharpe, Coleman Hawkins
o Roland Kirk para que éstos se presentaran en los festivales
de folk, blues y jazz. Estuvo en el festival de Newport cuando Bob
Dylan electrificó su sonido. Produjo el primer single de
Pink Floyd en 1967 (Arnold Layne) mientras regenteaba el célebre
club UFO, histórico antro psicodélico londinense.
Además produjo los primeros discos de la Incredible String
Band, Fairport Convention y Nick Drake. Ya en los setentas participó
de la producción del documental más acabado sobre
la vida de Jimi Hendrix, produjo la banda de sonido de la Naranja
Mecánica y logró que la cantante Maria Muldaur consiguiera
su primer éxito.
Martín Sassone
martinsassone@hotmail.com
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