Carl Verheyen en Roma
por Martín Sassone
martinsassone@hotmail.com

Lo primero que deben hacer los amantes del blues al llegar a Roma es chequear la página de Internet de Stazione Birra (www.stazionebirra.it), un inmenso bar con un escenario muy pro -de 15 metros por 7, con amplificadores de 20.000 wats de potencia- por el que pasaron músicos como Joe Bonamassa, Derek Trucks, Eric Sardinas, Chris Duarte y Popa Chubby. Así tendrán una idea de quiénes estarán tocando allí mientras dure su estadía.

Llegar a Stazione Birra no es una tarea sencilla. El club está ubicado en las afueras de Roma, a una media hora en subte a la que luego se agregan 15 minutos de ómnibus desde el centro histórico de la ciudad, donde se lucen la Piazza Spagna, la Fontana de Trevi y la Piazza Navona. Pero vale la pena ir hasta allí. Eso sí: hay que asegurarse, antes de llegar, cómo regresar a Roma una vez que el show termine.

El 7 de mayo fue el turno del guitarrista californiano Carl Verheyen, reconocido músico de sesión que tocó con grupos y músicos tan diversos como Supertramp, Robben Ford, Joe Jackson Little Richard y Allan Holdsworth, además de haber realizado decenas de colaboraciones para bandas de sonido del cine y la tevé: desde Ratatouille y L.A. Story hasta Lost y Cheers.

Verheyen es un virtuoso de la guitarra que sabe torcer los límites, ya sea tocando blues, rock country o jazz. Tiene una técnica muy pulida y por momentos puede sonar como Joe Satriani, después como Mike Bloomfield o Robin Trower, o incluso como John MacLaughlin o Danny Gatton.

En el bar había muy poca gente para un sitio tan grande: no más de cincuenta personas, muchos con pinta de ser músicos. La cerveza que se fabrica allí corría en chopps de medio litro cuando Verheyen subió al escenario a las 22.15 con su Fender Stratocaster, secundado por el baterista Wilfredo Reyes (ex Santana) y el bajista Dave Marotta. De entrada dejaron bien en claro que sería un show muy potente. Arrancaron con un shuffle feroz y unos solos que cristalizaron el aire.

El show duró poco más de una hora y media en la cual Verheyen desplegó toda su técnica con la guitarra eléctrica y también con la acústica, tocando un amplio repertorio de canciones. La mayoría de los temas fue compuesta por él y por Dave Marotta y editada en sus discos No borders (1988), Slang Justice (1995), Slingshot (1998), Atlas overload (2000) y su último trabajo, Take one step , de 2006.

Pero también tocó Two trains running, de Muddy Waters, y dos temas de los Beatles: una fabulosa versión ska de Taxman, y una reinterpretación instrumental de All you need is love , con la que cerró el recital y en la que el baterista Wilfredo Reyes se lució con la percusión vocal.

Verheyen no es un artista que busque hits o prensa, tiene la agenda muy cargada entre sus compromisos como músico de sesión y su propia banda. Así que, si alguien tiene la fortuna de cruzarse con alguno de sus shows en algún viaje, no debe dejar de ir a verlo. Vale la pena.