John Mayall en el Gran Rex
por Martín Sassone
Fotos: Alejandro Ocvirk
martinsassone@hotmail.com

Fue como un deja vú de los noventa. La entrada del Gran Rex, colmada de gente luciendo remeras de Robert Johnson, B.B. King, el Buddy Guy's Legend y Eric Clapton. Canosos con pinta de músicos y músicos no tan jóvenes pintando algunas canas. Y las luces de neón de Corrientes destellando sobre un millar de bluseros hambrientos por un poco de historia.

La historia llegó al Gran Rex de la mano de John Mayall, el padre del blues inglés, del blues blanco en general. No hace falta contar que Mayall siempre tuvo debilidad por los guitarristas. De hecho a lo largo de los años por sus Bluesbreakers pasaron Clapton, Peter Green, Mick Taylor, Harvey Mandel, Coco Montoya y Walter Trout. Este dato es clave para entender un poco de qué se trata la música de Mayall y por qué el show que dio en el Gran Rex el miércoles 21 fue excelente.

Mayall siempre cedió protagonismo a su guitarrista de turno. Con Clapton editó el mejor disco de su carrera en 1966, y con Peter Green, en A Hard Road, de 1967, sentó la piedra basal de lo que después se denominaría Fleetwood Mac. Desde hace más de diez años las seis cuerdas de los Bluesbreakers están custodiadas, acariciadas y monopolizadas por el robusto Buddy Whittingnton, quien ya había venido con Mayall a la Argentina en los noventa, cuando también coparon el Gran Rex.

Algún desprevenido tranquilamente pudo haber pensado que el líder de la banda era Whittingnton, porque además de ser un virtuoso de la guitarra es un excelente cantante, con muy buenos registros y mucha sensibilidad. Mayall le cede protagonismo, lo deja brillar... y el gordo lo hace muy bien.

Los dos primeros temas estuvieron a cargo de Whittingnton, quien de movida se ganó a un público que no dejó de aplaudirlo durante toda la noche. En el tercer tema - You know that you love me , de Freddie King- Whittingnton anunció: “Are you ready for the father of british blues?”. La gente enloqueció y Mayall entró trotando al escenario, muy alegre, con una energía sorprendente para un hombre de 74 años. Saludó alzando sus manos, mientras Whittingnton, Hank Van Sickle (bajo) y Joe Yuele (batería) seguían con el tema del legendario Freddie King.

Mayall fue directo a los teclados y le costó acomodarse, empezó algo desacompasado hasta que agarró la armónica. Después siguió con Just what you are looking for y en Numbers down cambió los teclados por una guitarra de doce cuerdas.

“Hay mucho blues para ustedes esta noche”, bramó en inglés y, de vuelta en el piano, dio los primeros acordes del shuffle An eye for an eye. El espíritu de Freddie King volvió a copar la sala con Help me through the day, cantada por Whittingnton de una manera conmovedora.

Siguió un tema de los noventa, Wake up call. Y Luego Mayall anunció que las cosas se iban a poner un poco “rough” y otra vez las luces enfocaron a Whittingnton, quien hizo un medley de acordes y riffs de distintos temas de Led Zeppelin. En un intervalo de dos minutos memorables el guitarrista terminó de confirmar que la noche era suya. Pero no acabó ahí: siguió con Hideaway , el clásico instrumental del blues texano, para luego sí devolverle el control del escenario a Mayall, quien arremetió con su armónica en Burn bridges.

Hasta ese momento todo había sido movido. Por eso la banda bajó los decibeles con un blues lento, So many roads , de Otis Rush. Tomó de nuevo la guitarra y anunció que el tema siguiente sería One life to live , un blues duro inspirado en su experiencia en la guerra de Corea. Luego interpretó Congo Square , un momento en el que hubo un duelo entre Whittingnton y el bajista Van Sickle y en el que Mayall aprovechó para presentar a los músicos.

Cuando había pasado una hora y media desde el comienzo del show, el final era inevitable. El Gran Rex estallaba. Los músicos saludaron y dejaron el escenario, pero volvieron enseguida para un último tema: Ain't no breakman . Pero todavía faltaba una sorpresa. Whittingnton, Van Sickle y Yuele se fueron, Mayall se quedó y solo frente al público, interpretó en el piano Boogie woman .

Fue una gran noche de blues, una noche como hacía tiempo no teníamos en Buenos Aires, desde los años en que músicos como Albert King, Albert Collins, B.B. King, Bo Diddley o Taj Mahal, verdaderos “pesados” del género, hacían sonar los doce acordes como si la avenida Corrientes fuera una arteria más de Chicago o Memphis. También Mayall vino en aquella época, y eso podría ser un buen augurio de más por venir. Porque el blues está vivo y el público porteño también.

Fotos: Alejandro Ocvirk